En el Harrash uno de los suburbios más castigado por los atentados y por las matanzas, situado en en llamado "triángulo de la muerte" tras cruzar numerosos controles en las puertas de Argel, se halla uno de los edificios más vigilados del barrio. En el se hallaba el despacho de Mahmoud Dhelili, uno de los tres abogados que tramita denuncias de los familiares de los muertos y desaparecidos. Los documentos e informes llegan hasta el techo. Y las historias son todas como esta:
"Mohamed Mehali, 52 años, desaparecido en 1998 tras ser secuestrado por miembros del ejercito con base en Ba Djernah. Despues de detenerle en el mercado, los mismos militares se presentaron en su casa y se llevaron a su mujer y a sus dos hijas. Torturaron a las tres con electricidad, y a una de las hijas la violaron con un palo. Mientras esto sucedia , oían como su padre era torturado en la habitación de al lado, obligandole a confesar que habia dado refugio a terroristas. Tras ser puestas en libertad, todo lo que las tres mujeres vuelven a saber de su padre es que ha sido enterrado en el cementerio de Argel con la identificaciónX, número de serie 244, tumba 101. Por uno de los guardas se enteraran de que ha muerto con el cuerpo completamente quemado por un soplete"
Estaba tomando un café de mitad mañana cuando le detuvieron”, explica Zohra. “Mi esperanza es mi hija, que tiene diez años; cuando cogieron a su padre apenas llegaba a los seis meses”, explica la voz joven de Nadia tras un velo que sólo deja ver unos inquietos ojos negros.
“Mi hijo estaba trabajando en la oficina de correos, eran las ocho y media de la mañana cuando se lo llevaron al cuartel de Benakdum”, asegura Aicha.
“Mi hijo desapareció hace 11 años. No puedo quitarme la imagen de la cabeza de sus tres hijos corriendo detrás de él, gritando al policía, y llorando”, relata Fatima.
“Era un viernes, estaba en una mezquita del barrio de El Harrash, y al salir la autoridad c ogió a todos los que estaban rezando dentro. ¿Qué hizo? ¿Qué culpa tenía?”, pregunta Hakima.
“Era médico, trabajaba en el hospital de Beni Mesus, le cogieron allí mismo. Al principio pude verle pero a los seis meses me lo prohibieron. Hasta ahora”, declara Rahda.
Cada miércoles, desde hace seis años, un grupo de unas 200 mujeres se reúnen en la enorme puerta de hierro de la Comisión Nacional Consultativa de Prevención y Protección de Derechos Humanos, muy cerca de la residencia del presidente de la república. Son madres, esposas, hermanas e hijas dispuestas a hacer este recordatorio semanal al gobierno que se forme tras la victoria de Abdelaziz Buteflika. Quieren información, saber el paradero, la suerte de sus hijos, esposos o padres que un día fueron detenido en su lugar de trabajo, cuando iban a coger un avión en el aeropuerto, en plena noche, y sin haber recibido ninguna razón no han podido volver a verles desde hace cinco, ocho y hasta once años.
Las mujeres llegan lentamente a la plaza de Addis Abeba. Se acercan al grupo que espera a ser suficientemente numeroso para empezar a gritar las consignas: “Que liberen a nuestros hijos y podremos regresar a nuestra casa”, “Presidente Buteflika, ¿dónde está la verdad?”, “Nuestros hijos son nuestra casa”. Algunas llegan y saludan mientras sacan el retrato de su desaparecido, otras se sientan en silencio mientras se colocan alrededor del cuello la tabla de madera en la que aparece la fotografía, el nombre y el lugar y fecha donde fue “secuestrado”. El paso de los días primero en el anonimato, sin que nadie diera crédito a sus reclamaciones e interminables peregrinaciones por todo el país para intentar seguir la pista del ser querido, y luego, cuando el Gobierno reconoció que existen más de 10.000 desaparecidos (la Liga Argelia para los Derechos Humanos, eleva la cifra a 18.000) empezaron a contar su historia públicamente.
Todas quieren hablar, ninguna renuncia a transmitir su peor pesadilla, para mantener viva la esperanza de encontrarle algún día. Se dejan hablar, que cada una de detalles por enésima vez a los periodistas que se acercan a hablar con ellas. Esperan pacientes, ofrecen los datos concretos de la desaparición, y luego regresan a su sitio para descansar sobre la acera. “No hacía nada tenía 27 años y 4 hijos. He estado en todas partes, he pedido ayuda en Francia. Nada”, explica Zohra con una enérgica desesperación, como si no hiciera diez años que dejó de verle.
“Queremos a nuestros hijos. Si están vivos que los liberen y si están muertos que lo digan. Llevamos 10 años esperando”, es la petición que cada una de ellas repite al concluir la historia de su familiar. Las explicaciones que estas mujeres lograron arrancar a los oficiales de comisarias por donde seguían el trazo de hijos y esposos eran banales. “Es un islamista del Frente Islámico de Liberación (FIS)”, “Estará en la montaña, con los maquis”, “Es un terrorista”.
Fueron los años más negros de la historia reciente de Argelia. Las autoridades pararon el proceso electoral en enero de 1991, después de que el FIS registrara un elevado porcentaje en la primera vuelta de las elecciones legislativas. Se ilegalizó el partido y el país magrebí cayó en una sangrienta guerra civil en la que murieron más de 100.000 personas.
“¿Para qué esta la justicia? No es para corregir a los que hacen algo malo. Pero a nuestros hijos les cogieron sin más, no habían hecho nada”, exclama una madre sin dejar de buscar explicaciones. Madres cuya única obsesión es encontrarles y mujeres que hace diez años que esperan, sin casarse con otra persona porque mantienen la esperanza de que algún día vuelvan a casa. El tronco de la tragedia de estas mujeres es el mismo pero ellas lo personalizan mostrando fotos gastadas, algunas en blanco en negro, donde aparece una persona de otra época.
“He votado a Abdelaziz Buteflika porque él reconoció que los desaparecidos existen, tiene que abrirnos una ventana para lograr nuestros derechos. El señor presidente nos prometió que arreglaría nuestro problema”, asegura Nadia. Enfrente, Fatiha le replica: “La autoridad nos ha oprimido desde el primer día de la desaparición de nuestros familiares, sé que no harán nada por nosotras”. Indefensas judicialmente, se han organizado entorno a una asociación, SOS Disparu, que intenta ayudarlas. 
“Sólo queremos liberar a nuestros hijos, no nos interesa el dinero. Las familias conocen a los responsables pero el Gobierno argelino no ha querido escucharles. No quieren ver el problema y están intentado ganar tiempo”, afirma Ferhati Hacene, portavoz de SOS Disparu.c
La respuesta de tanto mutismo, es la voluntad de no hacer nada. No desean castigar, el poder cubre al poder. Pues su gran miedo es perder su impunidad y ya se sabe hoy por ti mañana por mi.
Derroquemos a este poder de gélido corazón. Si las lágrimas, no te brotan al saber de estas historias, si no sientes indignación es que no tienes corazón. Y eso es lo que no tienen los que nos gobiernan. ¿NO LO VES?
La verdad es que se limpiaron a todos los que se atrevieron a desovedecer al poder, sin juicio, meras ejecuciones tras horribles torturas. Tras ello, como nos apunta Pepa Roma los generales Y los coroneles se repartían tierras casas botines. Claro para ello desaparecieron familias enteras. PUTO PODER
Es el tiempo de la Información. Debemos propagar estas noticias. Debemos de saber la verdad. Solo entonces tendremos claro que hacer cuando llegue el momento. Pues el corazón es nuestro verdadero y único guia.
Fuentes:
Extraido del capitulo Madres de "Jaque a la Globalización" de Pepa Roma
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/2004/04/12/pagina-7/33652074/pdf.html
"Mohamed Mehali, 52 años, desaparecido en 1998 tras ser secuestrado por miembros del ejercito con base en Ba Djernah. Despues de detenerle en el mercado, los mismos militares se presentaron en su casa y se llevaron a su mujer y a sus dos hijas. Torturaron a las tres con electricidad, y a una de las hijas la violaron con un palo. Mientras esto sucedia , oían como su padre era torturado en la habitación de al lado, obligandole a confesar que habia dado refugio a terroristas. Tras ser puestas en libertad, todo lo que las tres mujeres vuelven a saber de su padre es que ha sido enterrado en el cementerio de Argel con la identificación
Estaba tomando un café de mitad mañana cuando le detuvieron”, explica Zohra. “Mi esperanza es mi hija, que tiene diez años; cuando cogieron a su padre apenas llegaba a los seis meses”, explica la voz joven de Nadia tras un velo que sólo deja ver unos inquietos ojos negros.
“Mi hijo estaba trabajando en la oficina de correos, eran las ocho y media de la mañana cuando se lo llevaron al cuartel de Benakdum”, asegura Aicha.
“Mi hijo desapareció hace 11 años. No puedo quitarme la imagen de la cabeza de sus tres hijos corriendo detrás de él, gritando al policía, y llorando”, relata Fatima.
“Era un viernes, estaba en una mezquita del barrio de El Harrash, y al salir la autoridad c
“Era médico, trabajaba en el hospital de Beni Mesus, le cogieron allí mismo. Al principio pude verle pero a los seis meses me lo prohibieron. Hasta ahora”, declara Rahda.
Cada miércoles, desde hace seis años, un grupo de unas 200 mujeres se reúnen en la enorme puerta de hierro de la Comisión Nacional Consultativa de Prevención y Protección de Derechos Humanos, muy cerca de la residencia del presidente de la república. Son madres, esposas, hermanas e hijas dispuestas a hacer este recordatorio semanal al gobierno que se forme tras la victoria de Abdelaziz Buteflika. Quieren información, saber el paradero, la suerte de sus hijos, esposos o padres que un día fueron detenido en su lugar de trabajo, cuando iban a coger un avión en el aeropuerto, en plena noche, y sin haber recibido ninguna razón no han podido volver a verles desde hace cinco, ocho y hasta once años.
Las mujeres llegan lentamente a la plaza de Addis Abeba. Se acercan al grupo que espera a ser suficientemente numeroso para empezar a gritar las consignas: “Que liberen a nuestros hijos y podremos regresar a nuestra casa”, “Presidente Buteflika, ¿dónde está la verdad?”, “Nuestros hijos son nuestra casa”. Algunas llegan y saludan mientras sacan el retrato de su desaparecido, otras se sientan en silencio mientras se colocan alrededor del cuello la tabla de madera en la que aparece la fotografía, el nombre y el lugar y fecha donde fue “secuestrado”. El paso de
Todas quieren hablar, ninguna renuncia a transmitir su peor pesadilla, para mantener viva la esperanza de encontrarle algún día. Se dejan hablar, que cada una de detalles por enésima vez a los periodistas que se acercan a hablar con ellas. Esperan pacientes, ofrecen los datos concretos de la desaparición, y luego regresan a su sitio para descansar sobre la acera. “No hacía nada tenía 27 años y 4 hijos. He estado en todas partes, he pedido ayuda en Francia. Nada”, explica Zohra con una enérgica desesperación, como si no hiciera diez años que dejó de verle.
“Queremos a nuestros hijos. Si están vivos que los liberen y si están muertos que lo digan. Llevamos 10 años esperando”, es la petición que cada una de ellas repite al concluir la historia de su familiar. Las explicaciones que estas mujeres lograron arrancar a los oficiales de comisarias por donde seguían el trazo de hijos y esposos eran banales. “Es un islamista del Frente Islámico de Liberación (FIS)”, “Estará en la montaña, con los maquis”, “Es un terrorista”.
“¿Para qué esta la justicia? No es para corregir a los que hacen algo malo. Pero a nuestros hijos les cogieron sin más, no habían hecho nada”, exclama una madre sin dejar de buscar explicaciones. Madres cuya única obsesión es encontrarles y mujeres que hace diez años que esperan, sin casarse con otra persona porque mantienen la esperanza de que algún día vuelvan a casa. El tronco de la tragedia de estas mujeres es el mismo pero ellas lo personalizan mostrando fotos gastadas, algunas en blanco en negro, donde aparece una persona de otra época.
“He votado a Abdelaziz Buteflika porque él reconoció que los desaparecidos existen, tiene que abrirnos una ventana para lograr nuestros derechos. El señor presidente nos prometió que arreglaría nuestro problema”, asegura Nadia. Enfrente, Fatiha le replica: “La autoridad nos ha oprimido desde el primer día de la desaparición de nuestros familiares, sé que no harán nada por nosotras”. Indefensas judicialmente, se han organizado entorno a una asociación, SOS Disparu, que intenta ayudarlas.

La respuesta de tanto mutismo, es la voluntad de no hacer nada. No desean castigar, el poder cubre al poder. Pues su gran miedo es perder su impunidad y ya se sabe hoy por ti mañana por mi.
Derroquemos a este poder de gélido corazón. Si las lágrimas, no te brotan al saber de estas historias, si no sientes indignación es que no tienes corazón. Y eso es lo que no tienen los que nos gobiernan. ¿NO LO VES?
La verdad es que se limpiaron a todos los que se atrevieron a desovedecer al poder, sin juicio, meras ejecuciones tras horribles torturas. Tras ello, como nos apunta Pepa Roma los generales Y los coroneles se repartían tierras casas botines. Claro para ello desaparecieron familias enteras. PUTO PODER
Es el tiempo de la Información. Debemos propagar estas noticias. Debemos de saber la verdad. Solo entonces tendremos claro que hacer cuando llegue el momento. Pues el corazón es nuestro verdadero y único guia.
Fuentes:
Extraido del capitulo Madres de "Jaque a la Globalización" de Pepa Roma
http://hemeroteca.lavanguardia.es/preview/2004/04/12/pagina-7/33652074/pdf.html
